Mi madre es una mezcla de ingenuidad, buena disposición, buen corazón y espíritu soñador. Gran parte de eso lo hemos heredado mi hermana y yo, pero en lo que nos aventaja mi mamá es en su siempre buena manera de no hacer daño a nadie. Para cualquiera puede parecer que soy parcial cuando digo ésto, pero no escuché nunca una palabra ofensiva contra nadie, una maldición o un mal gesto.
Por eso, donde quiera que esté siempre estaré consciente de que soy lo que mi madre fue capaz de hacer de nosotros. Hay muchas historias que podría contar, pero una de ellas es la que me convirtió en un hombre recto para toda la vida. Puede que muchos piensen en eso del abuso infantil y todo eso, pero créanme que en el ambiente de mi barrio ese escarmiento fue más que necesario. Mis amigos de infancia, casi todos, han purgado condenas por delitos que pueden ser más o menos relevantes si se tiene en cuenta que en Cuba matar una vaca es un delito mayor, pero haber salido ileso de ese ambiente marginal se lo debo a mi madre y a mi padre. Bueno, esta es la historia:
Era mediodía, como las 2 de la tarde, y había un calor que rajaba las piedras en aquel Reparto Garrido. Mi familia vivía en la parte baja del barrio, a una cuadra del Río Juan del Toro, una especie de arroyuelo contaminado y sucio que surcaba un par de repartos hasta unirse con el Río Tínima en el Centro de la Ciudad. A esa hora no había mucho que hacer en el barrio, especialmente cuando todos mis amigos de andanzas y de juegos de pelota de manigua estaban en clases, pero uno de mis mejores yuntas coincidía conmigo en horarios y justo pasaba a buscarme a la casa.
Para mi sorpresa, El Pocho -que espero me disculpe por contar esta historia-, se aparecía con dos pomos de dulce de frutabomba que en lugar del dulce traían unos pececitos que si mal no recuerdo eran Goldfish o Guramis (Gracias Eliadne, por corregirme el nombre, no tenía idea). Más sorpresivo aún fue cuando mi amigo me pasó los pomos para que los mantuviera bajo mi cuidado, en realidad el propio Pocho sabía que yo era muy malo para eso de cuidar peces, así que a regañadientes los acepté y le dije que lo haría solo por algún de tiempo. Obviamente, los amigos no hacemos preguntas y simplemente cogí los peces y los guardé ¡En mala hora!
Mi mamá, sorprendida por esos peces bajo mi extraño cuidado, me preguntó de dónde los había sacado. Le expliqué y listo, pensé que todo había quedado aclarado hasta que se apareció en nuestra casa Yolanda, la mamá de Pocho. La vecina preguntaba por unos peces que se le habían perdido al Kimbo y a Matiti, los dos hermanos mayores de mi buen amigo. La caña se me puso a tres trozos, porque a pesar de que no tenía nada que ver con la pequeña venganza de mi socio, haber aceptado aquellos peces me hacían cómplice y, ante los ojos de los demás, participante activo. Mi vieja, con mucha calma, entregó los dos pomos de dulce con los jodidos peces.
Una vez que la vecina se fue, mi mamá con mucha tranquilidad me agarró de una mano, me amarró de una pierna a un árbol de anón que había en el patio y me sonó una buena paliza con una manguera de agua verde que no se me olvidará jamás. Y el escarmiento fue más que claro. Nunca más acepté nada que no tuviera un origen claro para mí y esa manguera evitó cualquier torcedura en mi camino. Me enderezó las canillas y también la conciencia.Por eso vieja, aquí puedes ver un video que me pongo a ver siempre y que me recuerda todo lo que significas en mi vida. Un beso bien grande.
Mamá-IL DIVO.
2 comentarios:
Oye Chama que bueno que a pesar de la paliza te sirvio de algo, Bertha te enderezo de por vida de eso estamos seguros. Esos castigos antiguos curaron a mas de uno con una dosis unica. Suerte con todo y gracias por escribir en la mia.Saludos siempre de los mala cabezas que dejaste aqui (Almenares incluido, tu sabes)
Roly
Solo decirte que la cancion de Il Divo que escogiste no podia ser otra mejor,retrata muchos de los momentos que has vivido desde que estas en Chile.
Extraña a los tuyos pero no te nos caigas,te queremos mucho y muchos.
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